Santiago de Chile                                                                          Edición Digital N°10                                                                                    Revista en construcción                                                                                    Esperpentia                                                                       La revista menos leída de la red

ESPERPENTIA

Literatura, Arte y Realidad

                         Buscador interno                             Revisa nuestros contenidos            

 

                            ( Portada )  ( Links )  ( Colaboraciones )

 

Números anteriores

Versión Papel

Número 1

Número 2
Número 3
Número 4
Número 5
Número 6
Número 7
Número 8
Número 9

Versión digital

Número 1
Número 2
Número 3
Número 4
Número 5
Número 6
Número 7
Número 8
Número 9

nev5t.gif (392 bytes)

 

l

Agrupacion Cultural

Esperpentia

 

 

 

l

 


nev5t.gif (392 bytes) Fonseca, Rubem. "Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano". Norma. Bogotá. 2007

La obra de Fonseca se desenvuelve en una estructura investigativa, bajo el género policial que sirve de plataforma literaria para imbricar otros elementos  como los testimonios, las cartas, los mails, los chats y, de esta manera,  reconstruir una historia que no se cierra, sino que se abre hasta el final. En ella se barajan distintas posibilidades puestas frente a nosotros, por el personaje principal que es quien investiga y ordena información, para lograr articular una historia coherente que va fluyendo en distintos brazos.

Su búsqueda es la de un asesino de mujeres, que son amantes y conocidas de un escritor que está bajo sospecha. Este personaje que articula las  voces y a quien le llegan los testimonios grabados, conversaciones por chat y mail es un abogado llamado Mandrake. De estos testimonios surgen distintos temas que tienen que ver con las mujeres, el amor,  el sexo, la conquista, la literatura, la transgresión del arte de escribir, cómo llevarla a cabo  y los cigarros. Se mencionan distintas marcas de cigarros destinadas a situaciones ligadas a su aroma. Estos elementos se mezclan con la pasión sexual y la visión de quien escribe. Saber ver es en parte saber escribir  e implica percibir lo que nadie percibe, decir aquello que no nos atrevemos y está impregnado en la atmósfera. 

La novela recorre el paisaje de la literatura, enlazada indeleblemente con la realidad, mostrando la relación fundamental entre escritura y vida.

Mauricio Rojas


nev5t.gif (392 bytes) Rey Rosa, Rodrigo. "Severina". Alfaguara. Madrid. España, 2011.

Severina es una mujer misteriosa que roba libros en una tienda y enamora a su dependiente y dueño, transformándose, poco a poco, en su obsesión. La sigue por un laberinto de idas y vueltas en las que va desentrañando un misterio inasible que la envuelve y que pone como tema, el misterio de la relación con lo femenino, con la mujer, que aparece como una viuda negra a la que nos entregamos por entero, trasladándonos a un paisaje onírico donde cumple su ritual. Severina  nos hace seguirla desde la transparencia del lenguaje de Rodrigo Rey Rosa.

La forma en que está relatada esta novela breve -narrada en primera persona- con un lenguaje preciso, nos abre o sugiere un mundo que está detrás de las palabras, pero esto se nos hace evidente en el tercer tercio de la obra, identidades y roles que nunca logramos determinar,  rumores que acompañan el trayecto de los hombres alrededor de la mujer que los hace abandonar todo, una mujer que juega con la incertidumbre, pues nunca podemos estar seguros de nada.   

Desde la sencillez aparente del relato, somos trasladados a una indecisión en la que la actitud de Severina nos presenta una imposibilidad de determinar lo que ella quiere y, así, enrarece el mundo con sus entendidos gratuitos e inveterados.

Mauricio Rojas

 


 

 

DÍAZ, JUNOT. “La breve y maravillosa vida de Óscar Wao”. Alfaguara. Sto. Domingo. Rep. Dominicana. 2008.

 

Interesante esta primera novela de Junot Díaz (Pulitzer, 2008) quizá uno de los más importantes “dominicanyorkino” (como les dicen a estos dominicanos radicados en Nueva York). Hay muchos episodios de la narración que se centran en la dictadura de Trujillo, para aquellos  que no estén familiarizados con este régimen, el autor ofrece una gran cantidad de notas explicativas que te van aclarando el contexto histórico, muchas veces desconocido, lo interesante de estas notas es que son parte de la novela y no son un lastre, como ocurre en otros textos.

 

Novela que entretiene y cuya narración -muy dinámica- va cambiando de foco de atención, pues pasa del protagonista Óscar (un nerd dominicano morocho y con gran sobrepeso, aficionado a los cómics, a la literatura de ciencia ficción y que no tiene ningún éxito con las mujeres) a su hermana, a su madre, a su abuelo, es decir, rompiendo el eje de la narración va pasando de un personaje a otro, sin que por ello nuestro interés decaiga, pues cada uno es una historia que nos habla finalmente de la República Dominicana, que es, sin duda, el protagonista subyacente de esta narración.

 

La isla aparece en toda su dimensión y no como una postal turística, sino que en sus años más pavorosos donde “gozó”, como la gran mayoría de los países de este lado del mundo, de una de las más sanguinarias dictaduras de que se tenga memoria. Pero no es  –no se vaya a creer- una crónica histórica, pues el tiempo (ese animal travieso) se desarma y se quiebra consiguiendo una  historia digna del mejor Vargas Llosa.

 

Finalmente, un detalle lingüístico que me llama la atención  es esa mezcla tan propia de Las Antillas, entre un español vernáculo, las expresiones dialectales de la región,  más el inglés barriobajero que va astillando o enriqueciendo (como quieran) el lenguaje narrativo, junto con estas expresiones sacadas del cine “b”, cómics para iniciados y mundos paralelos reservados a especialistas que han invertido gran parte de su juventud en la cultura popular, todo esto muy propio de estos años posmodernos.

 

En una palabra: recomendable.

 

Maximiliano Díaz Santelices

 


 

VARGAS LLOSA, MARIO. “La Fiesta del Chivo”. Alfaguara. Barcelona. 2005.

 

Por curiosidad luego de terminar de leer la novela de Junot Díaz : “La breve y maravillosa historia de Óscar Wao” recordé que entre los libros que tenía por leer estaba una novela de Vargas Llosa, premio Nóbel 2010, que hablaba también sobre el período de Trujillo. Se trataba de: “La fiesta del chivo” y me dispuse a leer sus más de 500 páginas.

 

Debo decir que quedé con un buen sabor de boca y me acordé lo bien que lo pasé, hace muchos años, leyendo otras novelas del peruano “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Pantaleón y las visitadoras”, “La guerra del fin del mundo”, por nombrar algunas. Creo que la “Fiesta del Chivo” no es la novela más notable de “Vargitas”, pero tiene algunos momentos inolvidables (de esos de las novelas clásicas) que no te dejan tranquilo hasta que terminas de leerlos.

 

Fiel y apegado a su realismo flaubertiano, no deja detalle por investigar y la larga lista de nombres que cita (la mayoría auténticamente reales igual que los hechos narrados), solo es comparable al catálogo de héroes de “La Ilíada” o la lista de los ascendientes de algunos personajes bíblicos. Hay dos historias y  hay muchas, está la historia y la “intrahistoria”, la historia particular, la reconstrucción de los hechos, pero creo que lo más importante está (como siempre) en el cómo se ejecuta la narración, en la manera de ir relatando los acontecimientos del presente (1996) y del pasado (1961), de cómo se van ordenando y cómo pasamos del presente al pasado y viceversa, proponiéndonos un orden artístico que sobrepasa la crónica periodística o el libro de historia, con un relato por momentos brillante, y con un gran manejo del suspenso y la emoción (sabiendo cuando suspender lo narrado o entregándonos pequeños detalles que van completando el texto).

 

En fin, si queremos conocer este período de la historia de la República Dominicana, la historia de un dictador que se ha elevado como el paradigma de los dictadores, es muy recomendable leer esta novela, nunca está de más recordar qué sucede cuando el poder se concentra en pocas manos, qué clase de individuos somos capaces de ser a la hora de tener una pistola en la cabeza, en dónde sostenemos nuestra dignidad y hasta qué extremos  pueden llegar el sadismo y la barbarie del ser humano.

 

Maximiliano Díaz Santelices

 


 

PUIG, MANUEL. “Boquitas pintadas”. Bibliotex. Madrid. 2001

 

Como un tango uno lee “Boquitas pintadas” (1969), una historia o varias, triste, nostálgica y dulzona. Claro, pero como un tango de Piazzola en cuya construcción también el receptor debe ser capaz de poner de su parte para (re)construirlo.

 

Lo más notable de esta novela, no radica en su historia, propia de teleseries o de folletines o mejor de radioteatros (populares en la primera mitad del siglo XX), sino que está (otra vez) en la manera de narrar, en las “entregas” en vez de capítulos, donde cabe literalmente de todo: cartas, monólogos, descripciones de álbumes fotográficos o de habitaciones, diálogos (donde no solo leemos lo que cada personaje dice, sino también lo que piensa mientras lo dice), actas y un largo y entretenido etc.

 

Así el lector debe ir armando estas historias sacadas por Puig de la cultura popular, situadas en un pueblo argentino (Coronel Vallejos) lejano de la Capital, seguramente parecido al pueblo natal del novelista (General Villegas), claro y como dice el dicho: “pueblo chico, infierno grande”, porque de eso se trata: amor, celos, traiciones, incluso muertes pasionales; mujeres y hombres de un pueblo de provincia donde orilleros y una clase media aspiracional arman una historia sacada de cualquiera de sus esquinas, pero que el lector debe ir tejiendo con los retazos que el autor le entrega.

 

Quisiera recalcar, además, el final ejemplarizador de esta novela especialmente con el “castigo” que lleva a los hombres que se aprovecharon de las mujeres a la tumba, quizá esto es un tanto maniqueísta, pero sin lugar a duda corresponde a los códigos de este tipo de historia, donde los “malos” son castigados, además que, sin duda, es lógico si pensamos que es una manera de sancionar el machismo brutal de entonces, especialmente en las provincias latinoamericanas, cosa de la cual Puig también había sido víctima, no olvidemos su condición de gay, en una época donde esto era una rareza y condenado como enfermedad.

 

He leído, por ahí,  que la literatura de Puig causó controversia cuando apareció a partir de los años ’60, especialmente entre los narradores argentinos “serios” (Cortázar y Borges algunos de ellos) quienes vieron en estas novelas una especie de sub literatura (bueno, esta separación era parte de la modernidad). Sin embargo, hoy a la luz de todos los acontecimientos en el orden artístico donde la frontera entre lo culto y lo popular ha desaparecido, leemos “Boquitas Pintadas” solo como es, como buena literatura. Claro porque los tangos, también hoy, merecen un espacio en las discotecas de cualquier persona de cultura posmoderna.

 

Maximiliano Díaz Santelices

 


 

DEL VALLE-INCLÁN, RAMÓN. Sonata de primavera. Alianza Editorial. Madrid. 1994.

 

Se trata de la primera parte de las Memorias del Marqués de Bradomín, formada además por las sonatas de otoño, estío e invierno. Cada una de ellas muestra episodios de este extravagante personaje creado por el español Ramón del Valle-Inclán (1866-1936), que según el mismo autor reúne las siguientes características: "feo, católico y sentimental". Y bastante cínico, habría que agregar.

 

El texto -situado en la transición entre los siglos XIX y XX- muestra al Marqués en su juventud, fascinado intentando corromper el alma de la preciosa María Rosario, una joven de la nobleza italiana cuyo proyecto de vida consistía en servir a Dios como carmelita descalza. Ella hubiese querido transformar el palacio en un albergue donde se recogiese la procesión de ciegos y lisiados, de huérfanos y locos que llenaba la capilla pidiendo limosna y salmodiando padrenuestros. En fin, una chiquilla encantadora cuya corrupción espiritual -que a veces confunde con amor- le parece más interesante al Marqués de Bradomín que la verdadera misión que lo lleva al palacio donde transcurre la acción: hacer llegar un mensaje, de parte del papa, al agonizante monseñor Gaetani.

 

Escrita de manera breve y con un lenguaje pulcro y musical, propio del modernismo español, “Sonata de Primavera” muestra parte de los recursos que el autor llevaría al extremo en su Teatro del Esperpento: la ironía, la deformación de la realidad en caricatura, la estética del feísmo, la crítica desmesurada, la mirada iconoclasta. “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”, señala Max Estrella en “Luces de Bohemia”, una de las obras claves de Valle-Inclán. Y el Marqués de Bradomín -un maldito- cumple con la norma.

 

Sergio Sarmiento

 


STIEG LARSSON. “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Planeta. Santiago. 2008.

En una noche de jazz mi amigo Mario me habló de este autor, no sé si me lo recomendó o no, pero citó con aire conmovido el título de la segunda novela de Larsson “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón con gasolina”. Luego, en la biblioteca de Santiago, encontré ese libro, pero decidí pedir el primero de la saga. Leí en la solapa que Larsson había muerto de 50  años (como Bolaño, pensé) y decidí empezar a leer esta novela, aunque me sentí un tanto amilanado al comprobar que el grueso volumen de tapas negras tenía la pasmosa cantidad de 665 páginas.

Lo pasé bien leyéndola, aunque es en un relato prácticamente decimonónico (narrador omnisciente, tiempo cronológico), con chispas de la modernidad o de la postmodernidad, que tiene variados elementos que hacen una novela atractiva, entretenida, pero cuestionable desde el punto de vista artístico (claro que hoy en día esto es lo de menos).

Me costó darme cuenta de que estaba ante un “best seller”, claro partí con el prejuicio que estaba frente a una obra de arte. Pero la forma de novela negra, que en lugar de detective a lo Marlowe utiliza a un detective investigador financiero (Mikael Blomkvist), condenado injustamente por escribir un artículo difamatorio y falso, pero claro, todo había sido una trampa de un siniestro empresario capitalista y corrupto (perdón por lo redundante), o sea,  nuestro héroe es, claro, un antihéroe de capa caída, que trabaja en la revista “Millenium”, por supuesto “under”, que está a punto de quebrar.

Además de investigador este periodista es atractivo, desprejuiciado y un tipo con suerte, ya que en la novela tiene tres parejas sexuales y ningún compromiso. Algo más de 40 años, divorciado, con una hija adolescente y con una amante que comparte con el marido de esta, sin problema para los tres.

Como en toda novela policial hay un crimen no resuelto por la vía tradicional (la policía), por lo que los deudos de la chica desaparecida contratan al periodista de marras para darle un nuevo vistazo al caso que ya tenía 40 años. Y, por supuesto, donde todos fallaron él tendrá éxito, utilizando el escáner, el computador personal y muchas fotos antiguas, donde como en “Blow Up” de Antonioni (“Las babas del diablo” de Cortázar) o en “Blade Runner” de R. Scoot, el investigador descubre el misterio ayudado por la semiótica de la fotografía.

El otro protagonista es una chica freak de memoria fotográfica, una marginal con una capacidad innata para la computación y la piratería informática, no muy agraciada físicamente, una especie de Robin (chica) del cómic de Miller “El regreso del Sr. de la noche”, pero que por su sagacidad es capaz de salvarle la vida a Blomkist y a ella misma utilizando el máximo de violencia aprendida en las calles.

En 665 páginas cabe de todo, familias de millonarios con todo tipo de especímenes: violadores, fanáticos religiosos, nazis, asesinos en serie, arpías, sádicos, muchachas desaparecidas sin dejar huellas, viejos obsesivos, violaciones, etc. Una cuota de sexo, normal y desviado, suecas, viajes a pueblos perdidos, empresarios corruptos, crímenes de mujeres no esclarecidos (que me recuerda inmediatamente a “2666” de Bolaño), revistas contestatarias, idealistas, marginales, etc. 

En conclusión, mucha acción, mucha entretención, poca literatura. Es adictiva, no pude dejarla hasta terminarla, ¿pero es este un buen síntoma? El “Ulises” de Joyce hubo varias veces que lo comencé, sin poder terminarlo y me daban ganas de quemar muchas de sus hojas, pero también en otros momentos lo disfruté como nunca he disfrutado otra novela, a excepción de “El Quijote”. Si me preguntaran ¿Leerías las otras dos novelas de Larsson? Es como si me preguntaran si quiero otro trozo de pizza después de haber comido diez, es decir, comida chatarra en demasía.

Maximiliano Díaz Santelices


GAMBOA, SANTIAGO. Necrópolis. Edit. Norma. Colombia. 2009. (Premio de novela “La otra orilla” 2009)

Una profesora de Viña me recomendó esta novela, me dijo que la estaba leyendo y que le había gustado. Yo había leído un par de críticas en el “Arte y letras” y en Internet y me pareció interesante, además conocía una novela de Gamboa,  “Perder es cuestión de método”, que me había dejado un buen sabor de boca y, por qué no decirlo, el título “Necrópolis” me atrajo. Sin embargo, a medida que transitaba sus 455 páginas, la novela se me iba desarmando, deshaciendo en términos lingüísticos y estructurales.

Partamos por el final y, por favor, con esto no revelo nada, no se puede o, mejor dicho, hoy es de mal gusto terminar una novela con el protagonista (un escritor) viviendo en una isla paradisíaca (el viejo tópico del “locus amoenus”)  a miles de kms. de distancia de cualquier punto contaminado del planeta, con una cuenta corriente sólida, gracias a un contrato millonario, dedicado solo a escribir, a tener sexo, a pasear, a hacer músculos en su gimnasio privado y a mirar el mar. No puede terminar así, después que ha estado toda la trama en una Jerusalén (de ciencia ficción) bombardeada y sitiada constantemente por tropas invisibles, con miles y miles de muertos en cientos de calles destruidas. Claro porque este final es digno de Hollywood y no de un artista serio (tal vez Gamboa estaba pensando en la película).

Vamos ahora al comienzo, la novela usando otro clásico: el “relato enmarcado” nos cuenta varias historias en “el congreso internacional de la memoria”, donde sin lugar a dudas se destaca con luces propias la historia del reverendo José Maturana quien en un lenguaje callejero y en el tono de la novela picaresca nos va contando su historia de cárceles, drogas, corrupción, sexo y la religión del “Bigg Boss, El Que Te Dije, El Comandante Eterno”, etc. Esta historia “El misterio de la misericordia” es, sin lugar a dudas, lo mejor de la novela, aunque es interesante mencionar que el estilo que adopta el narrador en primera persona, junto con el lenguaje sacado de las calles chicanas más sucias se parece mucho al de la novela “Mi hebilla brillaba en cada baile” de Sergio Lagos Ossa, escritor chileno radicado en USA durante muchos años y, actualmente, en Montevideo (ver crítica “Esperpentia” digital N°6. Noviembre de 2009. esperpentia.cl).

Las demás historia intercaladas, incluida la de una porno star (que tenía mucho potencial), son prescindibles, olvidables, dejando poco rastro en la memoria, incluso creo que solo entorpecen y dilatan la historia principal, son como toscos añadidos que abultan el libro (tal vez el concurso tenía un número de páginas mínimo), pero que agregan poco. La historia principal es la de un escritor que no escribe, tipo solitario que en sus tiempos libres se dedica a investigar el oscuro suicidio del reverendo latinoamericano en Jerusalén, quien después del gran éxito que tuvo su ponencia decide salir por la puerta de emergencia, cortándose la venas. Pero tal como en la novela negra, el escritor-narrador comienza a investigar y con la ayuda de una periodista ninfómana y romántica (extraño maridaje), más la de un botones del hotel (que por esas casualidades novelísticas es un magnífico conductor que conoce todos los callejones de Jerusalén) logran resolver el misterio, que consistía en que no había misterio.

Francamente decepcionante la novela de Gamboa, después de leer “Perder es cuestión de método” (1997) uno le tenía más fe a este narrador. Sin embargo, parece que el aviso que la novela es ganadora de un premio, nos pone al corriente de una obra hecha para un concurso, y para darle el gusto a un jurado de una editorial que, sobre todo, quiere vender novelas en una época de “vacas flacas” para este género en Latinoamérica. Baste ver el otro caso de un premio en el último tiempo, Rivera Letelier con su novela “El arte de la resurrección”. Premio Alfaguara 2010. Claro que ya no tengo estómago para resistir tal “arte”.

Maximiliano Díaz Santelices


 

COUPLAND, DOUGLAS. Generación X. Edic.B. Barcelona. 1995.
l

Novela “sociológica” que aporta una interesante mirada sobre una decadente porción de la generación X (aquella de los '90) y que debe haber estado en el velador de todo aspirante a escritor de principios de esa década, como nuestro muy chileno Alberto Fuguet. 

 

Literariamente llena de ripios, sobre todo aquellas historias intercaladas que cuentan los protagonistas, algunas notoriamente sin imaginación y que te sacan de la trama esencial. Acierto: el glosario de términos que aparece al costado de cada página, que va elaborando un vocabulario generacional. Por ej. “Punto de engorde”, “bajofondismo histórico”, “minimalismo de café”, etc.
 

Sirve leer esta novela para comprobar y ratificar algunas intuiciones en torno a un tipo de persona, bastante significativo, que pulula aún por las calles de nuestras ciudades, para distinguirlos arbitrariamente de otros no menos decadentes: el yuppie, el revolucionario, el beatnik, etc.
l

Maximiliano Díaz Santelices

l


l

BATAILLE, GEORGE. Historia del ojo. Tusquest Editores. Barcelona. 2003. 
l
Clásico de la literatura erótica, en el que se encuentran todos los tópicos de este tipo de obras mal escritas: la historia importa muy poco, todo desembocará siempre en una escena sexual explícita. Quizá lo único que conmueve es la obsesión por el ojo, los huevos, los testículos de toro, etc. (objetos usados como estimulantes sexuales), ya que el retrato de los personajes convence poco. Casi nada sabemos de ellos, además aparecen y desaparecen (por ej. La adolescente Marcelle, los padres o el torero) en forma demasiado precipitada. Los jóvenes protagonistas se suelen librar de manera muy inverosímil de toda situación que implique riesgo, en este sentido es un relato poco convincente que deja demasiados “cabos sueltos”. Un pornógrafo comentará: “y eso qué importa”, en realidad nada.
 

En la edición que manejo, aparece un prólogo del ex novelista Mario Vargas Llosa (sé que es gratuito lo de ex., pero en “Esperpentia” nos gusta este tipo de irreverencia) con el cual estoy de acuerdo, en el sentido que en esta novela se muestra un tipo de sexualidad inmadura (onanista), más que una relación sexual completa. De ahí que, para quienes disfrutamos de la sexualidad en toda su magnitud, el relato se hace poco interesante, además que es muy breve en la descripción de las mujeres, por lo que el lector no puede tener una imagen completa de ellas.
Lo más rupturista (lejos) es la orgía que los protagonistas y su protector tienen con un sacerdote al interior de una iglesia española. En ella se pasa por encima de todos los cánones establecidos por la iglesia romana, lo que puede resultar chocante, para alguien formado en dicha escuela de moralidad, aunque el cura pederasta hoy ya no sorprende y parece que está hasta permitido. Sin embargo la manipulación extremadamente imaginativa que se hace del vino y las hostias nos hace exclamar: “¡Hostias!” .
l

Maximiliano Díaz Santelices

 


ll

RIVERA LETELIER, HERNÁN. Santa María de las flores negras. Seix Barral. Buenos Aires. 2002.
l
Aprovechando la conocida historia, básicamente a través de la “Cantata de Santa María” de Quilapayún, Rivera Letelier nos aburre con una novela de la cual (sospecho) los nostálgicos de izquierda (a quienes aún le pueden interesar este tipo de matanzas) esperaba muchísimo más y, los aficionados a las letras, también.
 

Desde el punto de vista histórico, son poco creíbles las “salpicaduras” con las que el narrador, pretende poner en antecedentes al lector lego del contexto en el cual se mueven los personajes. Por ejemplo, en el capítulo 10 un anciano salitrero cuenta la historia del “Rey del Salitre” en un lenguaje tan engolado, que es impropio de un hombre duro de las pampas. ¿Qué faltó aquí? ¿Intuición? ¿Realismo? ¿Capacidad literaria? ¿Verosimilitud? ¿Todas las anteriores?
 

Por otra parte, muchas de las descripciones utilizadas son casi tan exiguas, como aquellas con las que los dramaturgos informan de la escenografía o movimiento de sus personajes. En este sentido la obra de Rivera alcanza el equilibrio exacto entre forma y fondo. La forma es tan desierta, pobre y abandonada como lo que pretende relatar: la pampa salitrera. Queríamos otra cosa, una obra tan magna como la Advis en música, una novela que se siguiera leyendo, por los siglos de los siglos, pero nada de eso, a dos años de su primera edición ya nadie habla de ella. Rivera Letelier escribió una novela convencional, lineal, como la pudo escribir un cronista de esa época. Ni siquiera aprovechó la oportunidad para ver este suceso desde la oligarquía y los militares, para que mostraran sus razones (equivocadas o no) para haber asesinado. Pudo haber dibujado más sus personajes, de los que solo tenemos bosquejos o caricaturas (en blanco y negro) más que seres reales: los ricos son explotadores y malos, los militares brutos y los obreros son los explotados de buenos sentimientos. Quizá este reduccionismo extremo dé lo mismo, lo lamentable es que es mala literatura. 

l

Maximiliano Díaz Santelices

l


 

AIRA, CÉSAR. La Villa. Emecé. Buenos Aires. 2001.
ll
En esta novela, el prolífico e irregular César Aira nos cuenta la historia de Maxi, un joven bonaerense que decide gastar su abundante tiempo libre yendo en socorro de los cartoneros. Así, cada atardecer recorre las calles buscando a estos seres, cuya marginalidad aún conmueve a los argentinos, para ayudarles a trasladar su carga desde el sector urbano hasta las poblaciones marginales (villas), dándole un uso práctico a su robusta complexión física, cultivada con esmero en un gimnasio. Tan inusuales y desinteresados movimientos llaman la atención de la policía, que investiga el tráfico de drogas en una de las villas, dando origen a una aburrida y mal articulada trama de equívocos, en la que diversos personajes, construidos de manera deficiente, llevan a Maxi a convertirse en punto central de sus intereses.
 

Publicitada como una obra que mezcla lo fantástico con lo real, la verdad es que “La Villa” se queda a medio camino entre ambos estilos, siendo poco creíble como novela fantástica, y demasiado fantasiosa como para constituirse en una novela realista. Escrita a la rápida, repleta de episodios y detalles que no se justifican y personajes que rebotan como pelotas de ping pong, tampoco logra plasmarse como aporte al género policial. Se echa de menos al prolijo Aira que, en un momento de verdadera inspiración, fue capaz de escribir el excelente relato breve “Haikú”. 

l

Sergio Sarmiento

l


l

KEROUAC, JACK. Los vagabundos del Dharma. Anagrama. Barcelona. 1996.
l
Novela muy idealista, enternecedora (casi), precursora del hippismo y de la cultura del “mochilero”, que describe el periplo budista en el gran país del norte -la capital del imperio- durante los años '60.
 

En un estilo muy suelto, siguiendo la forma de un diario de vida, registra las anécdotas del joven narrador (Ray Smith), quien entre vagabundos, poetas, músicos y enajenados soñadores va registrando sus experiencias; la más notable, desde luego, es la subida al monte (capítulo 6 en adelante).
Como crítica al lenguaje, me parecen muy ingenuas y artificiales las exageraciones en que constantemente cae el narrador. Al estilo de: “fue el mejor sueño de mi vida” o “fue la cena más apetitosa de mi vida”. Obviamente se trata de una obra menor en relación a la novela “En el camino” del mismo autor, que habría que leer primero. 
 

Finalmente, quisiera recomendar esta novela a todos los antisistémicos, anticonsumistas, neorrevolucionarios, globófobos, neohipies, etc., que aún existen y que sueñan con una casita en una comunidad ecológica o en Chiloé, en contacto con la naturaleza y la meditación Zen. Este libro les puede significar una gran ayuda, para encontrar consuelo entre tantas cuentas por pagar, cartolas protestadas o electrodomésticos descompuestos.

l

Maximiliano Díaz Santelices

l


l

DÍAZ ETEROVIC, RAMÓN. El  ojo del alma. LOM. Santiago. 2001.

l 

Me sorprende la habilidad de Díaz Eterovic para armar una historia de la nada, para inflar una mínima anécdota y hacernos perder el tiempo leyendo hasta el final esta novela. Recorrimos más de 200 páginas sin interés, salvo en las últimas, cuando el culpable, sin razón alguna, le confiesa todo a Heredia (detective privado y protagonista de la narración). Es lamentable que Díaz haya publicado una novela tan deficiente, con una trama que no convence, con cientos de cabos sueltos, algo imperdonable para este tipo de narración.

Se sigue en forma desacertada el modelo de Raymond Chandler (uno de los padres del género), pero externamente, ya que no hay sustancia. A nadie le importa por qué Heredia sufre recorriendo los bares de un Santiago de postal, viviendo aún de las migajas que dejó la dictadura, en esta historia (de políticos infiltrados y traidores traicionados) del todo incoherente. Da mucha pena  que este autor, que sabemos que tiene de oficio –lo ha demostrado en otras historias-, lo malgaste en esta novela que parece de encargo.

No hay literatura en ella, sus descripciones son convencionales, lejísimos de la perspicacia de la auténtica novela negra, con diálogos sacados de las peores películas de este estilo. Copia trasnochada de un folletín comercial, que intenta cazar ingenuos lectores, que quieren continuar leyendo las aventuras de este detective gastado. Lo mejor, sin duda, es el final y lo es, porque con alivio sentimos que por fin termina. En una palabra: prescindible.      

l

Maximiliano Díaz Santelices

l


l

GAMBOA, SANTIAGO. Perder es cuestión de método. Cuarto Propio. Santiago. 2001.

l 

Usando algunos cánones de la novela policial, Gamboa nos descubre un texto donde un periodista-detective (Silampa) investiga un crimen muy “bizarro” (en el sentido inglés de la palabra) viajando a los infiernos de Bogotá, junto con ayudante (verdadero Sancho) encontrado por azar.

Silampa hace “trabajos extras”, sacando fotos a parejas en infieles moteles, lo que demuestra que este “héroe”  -hijo del relativismo moral- no tiene ningún inconveniente es chantajear a sus muy aproblemadas víctimas, sin embargo, es capaz de rechazar una suculenta suma a cambio de  dejar de investigar. En este sentido la ética de este personaje es contradictoria (como Philip Marlowe) no le interesan ni el dinero, ni la fama, solo llegar a la verdad, aunque esta tampoco sirva para nada. Es un cínico, pero en el fondo es un alma piadosa que sufre por el desprecio de una mujer y se consuela en brazos de una adolescente que se prostituye.

Escrita en relatos paralelos, me recuerda por esto al mejor Vargas Llosa, aunque el relato secundario (narrado en primera persona) carezca realmente de interés. Desde este punto de vista, la narración principal, que se hace  en tercera persona omnisciente, por lo que el lector sabe más que el protagonista, es el verdadero centro.

Como en toda novela negra, el final no necesariamente es feliz o moral. Como en la vida, la corrupción lo abarca todo. En resumen hay poca creación literaria, pero este “detective” latinoamericano es capaz de entretener durante las noches de verano.

l

Maximiliano Díaz Santelices

 


ll

l

 

 

l

 

 

Videos

 

 

Pablo de Rokha: Fragmento de Canto del Macho Anciano - Video preparado por Nut Ace acerca del Gran Coordinador de la Angustia Universal.

 


 

 

Cachureo. Primera parte del documental realizado por Guillermo Cahn acerca del antipoeta Nicanor Parra.

 


 

 

Ezra Pound: Canto XLV, Con Usura. Video con la voz de Pound y traducción al castellano de este poema que nos hace pensar en el sistema financiero y sus víctimas.

 


 

 

Juan Gelman lee "Sobre la poesía"
Música: "Palomita blanca" por Rodolfo Mederos y "Los pájaros perdidos" por Astor Piazzolla y José Angel Trelles.

 


 

  

Datos Esperpénticos