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Edición Digital N°1

Primavera 2004

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Galería de Personajes

Philip Marlowe, de Raymond Chandler

El detective negro

Por Díaz Santelices 


Novelas de Raymond Chandler        Fragmento de su novela "La ventana Siniestra"        La novela negra    


A propósito de las reseñas de dos novelas policiales que redacté para  esta revista, “El Ojo del Alma” de Díaz Eterovic y “Perder es Cuestión de Método” de Santiago Gamboa, se me ha ocurrido escribir en esta oportunidad acerca de uno de los personajes del cual derivan los dos textos anteriores. Me  refiero a  Philip Marlowe el detective privado por antonomasia. Quizá este nombre no te diga nada –estimado lector- sin embargo, te darás cuenta a lo largo de este artículo que ya lo conocías (por la gran cantidad de imitadores que tiene), además es uno de los personajes literarios  más importantes del pasado siglo, pues consiguió que este tipo de obra se elevara desde:  un producto para entretener masas, hasta  la categoría de objeto artístico y que, incluso, autores como Borges (el más antipopular de los escritores) haya escrito, algún cuento, siguiendo este estilo.

Se dice que este género es bastante antiguo, pero la mayoría acepta como la iniciación más o menos oficial, los relatos de Edgar Allan Poe (1809-1849) donde surge la figura del detective Auguste Dupin. Especialmente hay que leer “Los Crímenes de la Calle Morgue” y “La Carta Robada”, en ellos ya aparece la trilogía básica de este tipo de obra: un detective, un crimen y un criminal, hay otros que agregan un cuarto elemento: una policía ineficaz. Otro antecedente notable, lo encontramos en  otro mítico detective: Sherlock Holmes creado por Arthur Conan Doyle (1859-1930) quien, gracias a su lógica, puede resolver los más misteriosos crímenes. Pero estos dos caballeros pertenecían a un ordenado Siglo XIX, donde aún el bien y el mal estaban separados y la ética profesional, no era solo una cátedra de algunas carreras universitarias, por eso el final era moralizador, el detective lograba resolver el crimen, gracias a su poder intelectual y  sin siquiera ensuciarse las manos. Al final, el culpable era castigado.

Como una variante de la novela policial, surge en el siglo XX la llamada “novela negra” (ver recuadro) que, básicamente, se distingue de la anterior por retratar con mayor fiereza la ambigüedad de la sociedad contemporánea. El gran consolidador de esta fue, sin duda, Samuel Dashiell Hammett (1894-1961) que, aunque no la inventó, la consolidó, pues fue uno de los pioneros que  intentó elevar el género a la categoría de arte. La más famosa de sus narraciones (¡imperdible!) es “El Halcón Maltés” (1930), en ella aparece la figura de unos de los íconos de las sagas detectivescas: Sam Spade, un detective privado, duro física y moralmente y muy ambiguo desde el punto de vista ético.

Pero del que hoy queremos hablar es del detective privado, más famoso de la novela negra, creado por Raymond Chandler (1888-1959) se trata de Philip Marlowe quien ha “inspirado” a miles de “sabuesos” que han protagonizado novelas de este tipo, varias decenas de películas “made in Hollywood”, gran cantidad de cómics e incluso han sido “homenajeados” por nuestros tan latinoamericanos: Ampuero, Díaz Eterovic o Gamboa.

La primera novela en que aparece Marlowe es “The Big Sleep” (“El Sueño Eterno”) en 1939, obra imprescindible al igual que casi todo lo que escribió Chandler.  Este quiso crear un detective singular que se diferenciara de todos sus antecesores, básicamente profundizando en su personalidad, en su visión del mundo, en su filosofía de vida y ante la sociedad. Este detective privado, que tiene su despacho en el sexto piso del Building “Cahuenca” de Los Ángeles, no tiene secretaria y trabajo solo, pero esta soledad va más allá de su vida profesional, pues también está solo sentimentalmente. Aunque a veces el amor lo roce, es muy duro o escéptico y no se deja seducir por “los cantos de sirena”.

Económicamente nunca le va bien, vive de su trabajo y su tarifa alcanza la suma de  25 dólares diarios más gastos, aproximadamente. Aunque él no trabaja por el dinero, sino porque la causa le parece justa y la búsqueda de la verdad: un desafío. Sus clientes siempre podrán esperar de él la mayor de las lealtades, el secreto profesional lo sabrá cubrir con su silencio a pesar de los golpes que puede recibir, pero como todo héroe contemporáneo es, esencialmente, ambiguo. No cree en nada, desconfía de la política y de los políticos, tampoco cree en la belleza externa, ni en el amor, vive en un desengaño total y, parece que ya nada lo puede conmover. Sin embargo, es muy sensible, generoso y se da cuenta que el mundo que le toca vivir está pudriéndose, huele a carroña. Ya el bien y el mal no están tan separados y nadie tiene absolutamente claro para “donde va la micro”. Chandler es extraordinariamente agudo para describir la realidad (ver fragmento seleccionado) a través de los ojos de Marlowe que, aunque no es estrictamente un héroe absurdo se lo puede comparar con este, pues como aquel está consciente del  sin sentido de la existencia y de la falsa realidad que le toca vivir.

Como hombre moderno una de sus armas es la ironía, la burla por todo aquello que considera superfluo como las costumbres de los adinerados, que en la mayoría de los casos son sus clientes, a quienes desprecia por su hipocresía. Aquí no podemos equivocarnos, dándole a Marlowe una conciencia de hombre de izquierda, pues como ya se dijo, repudia a los políticos y a la política (otra característica muy actual). Más bien el detective de Chandler es un solitario, un escéptico que no tiene esperanza alguna en el futuro de la humanidad. A pesar de esto tiene su ética personal que lo hace buscar la verdad y la justicia, aunque sabe de antemano que nada hará que haya un cambio social. En este sentido es un idealista fracasado que lucha por la única causa que le parece justa: “la causa perdida”.

Su éxito como detective es singular, tiene gran sagacidad, astucia y es brillante a la hora de “atar cabos sueltos”, aunque lo que más caracteriza a Marlowe, esencialmente, es que es un hombre de gran humanidad, tremendamente sentimental, pero que oculta estas “debilidades” bajo una armadura irónica y mordaz, que lo muestra como un “duro” entre los duros, que no tiene grandes excentricidades como otros modelos de detective, ni tampoco utiliza su arma, sino es en defensa propia. No es un gran fumador, bebe poco y juega algo de ajedrez.

Desde un punto de vista exclusivamente literario, la forma que adquiere la novela de Chandler es muy dinámica, está narrada en primera persona con un lenguaje muy ágil, directo, sin que casi intervenga el narrador que utiliza como fórmula predilecta  la comparación. Son recomendables todas las novelas de este autor norteamericano, todas ellas verdaderos paradigmas, que pusieron a este tipo de obra en la cumbre de la verdadera novela policial, situándolas como auténticas obras de arte, surgidas de la cultura popular lo que de por sí es un hecho notable.

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Novelas de Raymond Chandler

Estas siete novelas, imprescindibles para todo aquel que le interese el género, se encuentran en ediciones bastante económicas e incluso algunas fueron llevadas al cine, por lo que se pueden encontrar –si se tiene suerte- en la  sección “clásicos” de los supermercados de la imagen.

El Sueño Eterno           (1939)

Adiós, Muñeca            (1940)

La Ventana Siniestra    (1942)

La Dama del Lago       (1943)

La Hermana Pequeña   (1949)

El Largo Adiós            (1953)

Play Back                    (1958)

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Fragmento de su novela "La Ventana Siniestra"

"Dentro y alrededor de las viejas casonas hay restaurantes poblados de moscas, y fruterías italianas y casa  de departamentos baratos y pequeñas bombonerías donde se pueden comprar cosas aún peores que los caramelos. Y hay hoteles de ínfima categoría donde solo firman los registros personas llamadas Smith y Jones y donde el sereno nocturno es mitad perro guardián y mitad alcahuete.

De las casas de departamento salen mujeres que deberían ser jóvenes pero que tienen caras que parecen cerveza rancia; hombres con sombreros echados sobre los ojos y miradas rápidas que estudian la calle por encima de la mano cerrada que protege la llama de cerilla; intelectuales vencidos con toses de cigarrillo y sin dinero en el banco; polizontes con rostros de granito y ojos que no parpadean; adictos y vendedores de drogas, gente que se parece a nada en particular y lo sabe, y de vez en cuando incluso hombres que van a trabajar. Pero estos salen temprano, cuando las anchas aceras agrietadas están desiertas y cubiertas todavía por el rocío…”.

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La Novela Negra

El siglo XX fue un siglo mucho más violento que el XIX o, por lo menos, el crimen se hizo mucho más notorio. Este hecho se plasmó rápidamente en la novela popular y surgieron los “pulps” revistas muy baratas, hechas con papel de pulpa, en ellas se desarrollaban cuentos al estilo policial clásico o, también, novelas por entregas. Uno de estos “pulps” la revista “Black Mask” a partir de 1922 comenzó una labor que iba a terminar por renovar la literatura criminal, presentando un mundo tan violento como la realidad y sin ese enigma típico de la novela policial tradicional.

Este es el origen de la llamada novela negra, pero su nombre se debe a un francés llamado Marcel Duhamel quien en 1945 creó la “Série Noire”. Según él en este tipo de narración no se encuentra un enigma al estilo de Sherlock Holmes, ni optimismo, ni finales ejemplarizadores. Sí se podrá encontrar la inmoralidad en la misma cantidad que la moralidad. Muchas veces serán lo policías los corruptos, o los que usan los mismos métodos que los criminales. El detective no es un hombre lleno de virtudes o simpático, ni siquiera eficaz, a veces no logra descubrir el misterio o este descubrimiento no sirve de nada. Con el tiempo la novela de la “Serie Negra” comenzó a llamarse simplemente “novela  negra”.

Desde un comienzo este tipo de narración se caracterizó por la trama violenta, acción muy dinámica, realismo crítico y lenguaje cortante y coloquial. No hay en ella tiempo para teorías policíacas o argumentos positivos o racionalistas, todo es demasiado violento y vertiginoso, por eso muchas veces el enigma policial deja de ser esencial y el lector no está obligado a “armar el puzzle” que le proponía la novela policial clásica. Pasa así de ser un entretenimiento matemático a ser un entretenimiento literario, pues en la forma de contar la historia se encontrarán las mayores diferencias, en este sentido, comienza a importar mucho la manera  y no solo la trama o lo dicho. No nos extrañe entonces, que grandes escritores se hayan visto seducidos por la forma que adquiere este tipo de narración y hayan incursionado en ella, como por ejemplo: Faulkner, Hemingway, Borges, G. Greene, U. Eco, etc. Y, por otro lado, autores nacidos en la novela negra hayan alcanzado niveles artísticos impresionantes como Hammett o Chandler creador del más representativo de los detectives de este estilo: Philip Marlowe. (Ver Vásquez de Parga, Salvador. Los mitos de la novela criminal. Barcelona. Planeta. 1981.)

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Videos

 

 

Pablo de Rokha: Fragmento de Canto del Macho Anciano - Video preparado por Nut Ace acerca del Gran Coordinador de la Angustia Universal.

 


 

 

Cachureo. Primera parte del documental realizado por Guillermo Cahn acerca del antipoeta Nicanor Parra.

 


 

 

Ezra Pound: Canto XLV, Con Usura. Video con la voz de Pound y traducción al castellano de este poema que nos hace pensar en el sistema financiero y sus víctimas.