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Revista Esperpentia
f Literatura, Arte
y Realidad
Año 10
Director: Sergio Sarmiento Editor literario:
Maximiliano Díaz Santelices
Diagramación y
fotografía digital: Sparky
Cooperan en nuestra edición digital n°9:Francisco Quiroz,
Mauricio Rojas, Emilio Serey, Markos Quisbert, Iñaki Barasorda, José
Abelardo Encina, Rainier Alda.
Lugar de origen: Batuco,
Lampa, Santiago de Chile
Periodicidad 100% irregular
Correo Electrónico: esperpentia@yahoo.com
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N°4
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Verano
/ Otoño 2003
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Noveno Arte
El Siniestro Dr. Mortis
Oprobioso
olvido de nuestra Silver Age
Por Ángel Nuys
La historia del cómic tiene dos grandes periodos: la edad dorada, aquella donde surgen los primeros grandes personajes y géneros del cómic y la edad de plata, aquella donde se renuevan personajes y se sientan las bases del revisionismo británico y el multi-género americano de finales de los 70 a la fecha. Es en este periodo donde la viñeta chilena encuentra su cumbre de desarrollo, tanto comercial como creativo. En estos años, surgen personajes para todas las edades y géneros. Muchos hablan de Mampato como personaje emblemático. Sin embargo, si nos situamos en el escenario internacional de la época, es el
Dr. Mortis quien mejor refleja el pulso de esta década prodigiosa en creatividad e innovación en las estructuras de narración secuencial gráfica. Creado por Juan Marino -actualmente en México- y contemporáneo de Vampirella, El Siniestro Dr. Mortis, que también fue llevado al radioteatro, es un alucinante y austero viaje por la literatura de terror más clásica (Poe, Lovecraft) y que desde 1967 hasta 1974 realiza una interpretación sencilla de obras de la productora Hammer. Este aspecto no es algo casual: desde el primer número del Dr. Mortis nos encontramos con un universo muy al estilo mainstream y un dibujo
influido por el genio de la silver age: Jack The King Kirby. En conclusión: la apuesta de Marino iba por establecerse en la gran industria del cómic. Algo no tan descabellado por aquellos años, si asumimos que Chile era el segundo productor de cómic en América. Hegemonía que a principios de los años 70 sería rota por la editorial mexicana Novaro.
Otro rasgo destacable del trabajo de Marino es el look del personaje. El rostro del Dr. Mortis, que en cada historia aparece con distintos nombres,
generalmente anagramas del original, ya para su debut era parte del lenguaje visual pop de la época y provenía de ese arte hermano (al estilo Caín, eso sí) que es el cine. Nos referimos a que la creación de Marino, influida por las películas de la productora Hammer, que tuvo en Vicent Price a su actor emblemático, sirvió de inspiración para la construcción del siniestro personaje de marras que nos acompaña en esta columna. Oportunismo, suerte o genialidad de su creador, lo cierto es que el look a lo Vicent Price en los cómics fue utilizado en Chile antes que lo hicieran los gigantes de aquella época.
En cuanto al argumento central de la serie, una suerte de circuito de situaciones, todas inconexas entre sí y autoconcluyentes, sin subtramas ni secundarios (la verdadera sazón del cómic en formato industrial); se resumiría en la interpretación del mito vampírico sin connotaciones góticas y sí mucho de pactos con el mismísimo Satanás. Así, este científico frío y absorto en esa religión que es el método, se dio un festín resucitando asesinos seriales, zombies con distintas aficiones y gustos, asesorando a una que otra familia de caníbales y tratando de engañar a más de una comunidad con fuertes apegos mitológicos.
La última etapa del Dr. Mortis se encuentra marcada por la decadencia de sus guiones y un acercamiento suicida a los géneros de la ciencia ficción simplona, heredada de la protocultura Trekkie. Sin embargo, y a casi dos décadas del nacimiento de los Sandman, Spawn, Hellblazer o el mismísimo Predicador, en un momento de ultima lucidez nos encontramos con una joya del cómic impresa y suponemos que también creada en Chile. Es el número 5 de la segunda época de la serie, cuando se publica la historia “Vírgenes para el monstruo”. Allí, durante 16 páginas asistimos a un desfile de vampirismo, hermafroditismo, canibalismo, política, religión y un erotismo bizarro. Esta amalgama de argumentos extremos y dispares los volveremos a encontrar en el ámbito mundial sólo en plena década de los 90, en la Doom Patrol de Grant Morrison, Predicador de Garth Ennis y en el cínico Hellblazer de Brian Azzarello. Esta afirmación termina por cerrar la idea central del presente artículo: si hubo algún momento en que fuimos vanguardia fue en este. Se conjugaron elementos comerciales, autorales y temáticos que posibilitaron el nacimiento-aborto de un personaje de peso. Obviamente, en el verdadero tercer mundo de las artes y con un Chile que, por lo menos en el cómic, quiere ser el más tercermundista de todos, la naftalina, la parodia barata y principalmente el oprobioso anaquel del olvido mantiene aún al Dr. Mortis en espera de su venganza.
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