Esperpentia                                           Edición digital N°11                                Revista en construcción                                         Santiago de Chile

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Literatura, Arte y Realidad

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Revista ESPERPENTIA
Literatura, Arte y Realidad
 

Fundada el año 2000


Dirección y Edición

Sergio Sarmiento

 

Diagramación

Sparky

 

Colaboradores
Maximiliano Díaz Santelices
Mauricio Rojas
Francisco Quiroz

Lugar de origen
Batuco, Santiago de Chile

Periodicidad

100% irregular

Permitida la reproducción de contenidos previa autorización.

Correo electrónico:
esperpentia@yahoo.com

 

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Agrupacion Cultural

Esperpentia

 

 

 

Edición Digital N°9

Agosto 2011

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Opiniones y Disparos

 

La librería de Babel

 

 

Por Maximiliano Díaz Santelices


 

Leí todos los libros y es, ¡ay!, la carne triste.”

(Brisa marina.  Mallarmé)

 

 

Una de las características de  estos “Tiempos modernos” es que la tecnología, a través del computador e internet, nos ha puesto el mundo al alcance de nuestras manos. Basta apretar algunas teclas y podrás saber lo que pasa en el resto del planeta, comunicarte con personas que viven en las antípodas de la tierra, reservar pasajes, hoteles, preguntar y tener respuestas de inmediato, así todo se torna más fácil. Otra de las ventajas es que el arte está a tu disposición, puede visitar gran cantidad de museos virtuales, escuchar o leer la explicación de las obras de esos museos, galerías con fotos que puedes bajar, libros que puedes escuchar, sitios desde donde puedes descargar la obras completas, por ejemplo, de Rimbaud, el “Ulises” de Joyce, obras de Piglia o de Bolaño, etc. La oferta es tan grande que puedo bajar la película que quiero o verla “on line”, bajar la discografía completa de The Beatles, de Serrat, de Coltrane, de Miles, es decir, todo lo que tocó Miles, hasta en sus sesiones de grabación. ¡Todo! Lo puedo tener en mi computador y de ahí a un i-pod con 80 o más gigas de capacidad, por lo tanto, puedo tener la producción completa digamos de varios grupos, cantantes o compositores en uno solo aparato. Esto es, pensé,  lo más maravilloso que podía esperar un coleccionista de música. Ahora basta, en lugar de recorrer calles y tiendas con mucho tiempo y dinero en los bolsillos, solo buscar en el computador  lo que tú quieras. 

 

Hagamos un racconto, recuerdo mis tiempos de estudiante en los ’80, cerca de mi universidad en Estación Central se habían instalado una serie de pequeñas librerías de viejo, hoy desaparecidas. Siempre las recorría buscando alguna “joyita”, algún valioso y escaso libro que el librero  no hubiera detectado y que, por lo tanto, con un precio inferior a su valor, estuviese allí esperándome. De esta manera, encontré muchos libros que aún hoy mantengo y recuerdo la felicidad que sentí al encontrarlos, incluso de muchos de ellos podría contar la historia de dónde los hallé, la emoción que sentí y que debía disimular para que el vendedor no sospechara la importancia que ese libro tenía para mí. Todavía recuerdo, que cuando no tenía dinero y ubicaba un libro que quería tener, lo escondía entre otros, lejos de su lugar de origen, lo escondía y días después, cuando ya había conseguido el dinero, lo sacaba de su exilio y me lo llevaba a mi casa donde aún reposa. Así durante muchos años armé mi biblioteca. Ciudad, comuna, pueblo al que iba, siempre buscaba una librería de viejo. Recuerdo en especial alguna librería de Buenos Aires o del Persa Bío Bío, en Mendoza hay algunas excelentes con ediciones de segunda mano, totalmente nuevas, en Madrid al lado del Museo del Prado en la calle o en París junto al Sena donde adquirí una edición en francés de “Las flores del mal”. Librerías de San Diego, de Copacabana, de Manuel Montt, de Linares, Lastarria o Merced (antes que el snobismo se hubiera apoderado de ellas), librerías de Matucana, de Plaza Brasil, de Montevideo, de Lima.   

 

Algo similar me ocurría con los discos de Jazz, los buscaba por todas partes lugar donde iba, era obligatorio para mí ubicar sus disquerías y allí preguntar por Coltrane, Miles , Parker, Sonny Rollins, etc. Músicos que a principios de los ’90 escuchaba. Su música era escasa y solo algunas tiendas los traían a precios inalcanzables para un mortal común y corriente. Pero me había hecho de una buena colección, había encargado a gente que viajaba, los compré de segunda mano, fue así como  llegué a tener varios cientos de Cds hasta que un día, me los robaron todos. Los que más sentí, por supuesto, fueron los discos de Jazz, detrás de cada uno había una historia. Afortunadamente, los ladrones solo se robaron mis discos, no tocaron los libros. Algo se quebró en mí con ese robo, busqué reemplazar mi antigua colección y comencé a comprar vinilos de Jazz o de la música que me habían robado, los vinilos estaban muy baratos (aún la manía retro no se había apoderado de ellos) compré una gran cantidad junto con una tornamesa y alguna de mis heridas cicatrizaron. Pero también compré una grabadora de Cds y con ella comencé a “respaldar” todos los Cds de mis amigos,  intentando recobrar mi colección perdida. No solo eso, además fotocopiaba en color sus carátulas, es decir, los dejaba muy próximo al original. Un coleccionista también colecciona el arte que hay en las carátulas, colecciona los nombres de los músicos, la fecha de la grabación, el lugar, etc.

  

Pero volviendo al comienzo de esta columna, ahora que está todo al alcance de estas teclas con las que escribo estas notas, ahora que basta tener el nombre del álbum de discos o el de un libro o una película, para buscarlos y bajarlos aquí en mi casa, sin necesidad de salir de ella ¿Seremos más felices, estaremos más satisfechos? La respuesta para alguien nacido en los ’90 es fácil, todos sus discos no ocupan lugar físico en la casa, están en sus computadores o reproductores, allí tienen todo lo que quieren, sin salir a buscar, incluso sin pagar, claro pero no hay detrás de esos discos ninguna historia que contar, ninguna pequeña felicidad al hallarlo. Hoy que podemos tener acceso a la obra completa de Fernando Pessoa, a las novelas  de Proust, a la discografía completa de cualquier compositor ¿Tenemos más tiempo para leerlas? ¿Tenemos más tiempo para escucharlas? La vida de una persona no alcanza para leer, escuchar y ver todos lo que se ha producido, todo lo que está a disposición en la red. Antes el tiempo, la selección natural de las librerías, de las disquerías o de los cines hacían su trabajo, hoy que está todo a tú alcance entramos en un pánico, pues no sabemos por dónde comenzar  a explorar esta, parodiando a Borges, “Librería de Babel”. Qué libro leer, qué película ver, qué nuevos o viejos discos escuchar. Está todo, pero esto nos paraliza, suelo tener gran cantidad de obras que he bajado, obras completas que tengo, pero que no he leído, escuchado, ni visto, pues lo he dejado para después, cuando “tenga tiempo”. Antes compraba un libro, para leerlo  y, efectivamente,  lo leía.

 

Pero también se nos fue el encanto de encontrar entre varios libros, el que tú hace años buscabas, el encanto de tocar su cubierta, de oler sus páginas, de descubrir entre ellas un boleto de micro, alguna anotación, el nombre de su antiguo dueño, un papel de chocolate. Ahora basta con poner su nombre en Google y buscarlo. Hemos perdido el placer de refugiarse en una sala de cine de la lluvia, abrir la pequeña bolsita de caramelos tratando de hacer poco ruido, dejarse arrastrar por la oscuridad de la sala, perder la orientación al salir nuevamente a la calle luego de dos horas. Cuándo fue la última vez que desenvolviste un disco recién comprado y lo escuchaste no una, sino muchas veces,  hasta aprendértelo, cuántos discos podías comprar en un mes, cuántos discos podías escuchar.

 

Hoy en tu computador hay cientos de discos, cientos de libros y cientos de películas que están esperando solo tu orden para aparecer frente a ti. Hemos desarrollado un sistema que excede en mucho la capacidad humana, por eso nos sentimos bloqueados, paralizados frente a esta realidad tan vasta  y que posiblemente se verá ciento de veces duplicada antes que hayamos desaparecido. Parodiando ahora a Mallarmé deberíamos decir: “Tengo todos los libros y es, ¡ay!, la carne triste”. La librería de Babel está ahí, aparecerá apenas aprietes las teclas.

 

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Videos

 

 

El poeta norteamericano E.E. Cummins leyendo su poema "Anyone Lived in a Pretty

How Town"

 


 

Gricelda Núñez, "La Batucana" difundiendo la lira popular en el campamento Raúl Silva Henríquez (1983) - Santiago de  Chile

 


 

 

Pablo de Rokha: Fragmento de Canto del Macho Anciano - Video preparado por Nut Ace acerca del Gran Coordinador de la Angustia Universal.

 


 

 

Cachureo. Primera parte del documental realizado por Guillermo Cahn acerca del antipoeta Nicanor Parra.

 


 

 

Ezra Pound: Canto XLV, Con Usura. Video con la voz de Pound y traducción al castellano de este poema que nos hace pensar en el sistema financiero y sus víctimas.

 


 

 

Juan Gelman lee "Sobre la poesía"
Música: "Palomita blanca" por Rodolfo Mederos y "Los pájaros perdidos" por Astor Piazzolla y José Angel Trelles.

 


 

  

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