El fervor de las sucesivas
manifestaciones ciudadanas -estudiantes, pobladores, trabajadores,
habitantes de regiones- en contra del neoliberalismo que maneja Chile, y
el mundo, como un titiritero sus tristes muñequitos rellenos de espuma
plástica, despertó mi antiguo espíritu libertario. Mi parte rebelde y
consciente. Mi parte Wolverine. Me vi impulsado, entonces, a dejar de
lado el resentimiento teórico y sumarme a la acción. Como mínimo ir a
las protestas, ir a las marchas. Pero estaba medio destruido, estaba
medio gastado y mis energías iban a la baja. Dos décadas de decadencia
habían surtido su efecto en mi cuerpo y en mi psiquis. Razón tenía Marx
al señalar que la droga “destruye, degrada y corrompe” los cuerpos y los
espíritus, me dije. Luego pensé que no era para tanto, que los grandes
pensadores de la izquierda marxista y no marxista eran unos cartuchos de
mierda, que parecían mormones y no revolucionarios.
No hay que ser un genio para saber que fracasé. Sentí una voz
repitiendo: para no perderte debes mantener la fe que hay en ti. Sobre
todo si has dejado de sentir una boca fresca y ya no te dan ganas de
emborracharte con los insaciables amigos. Demás está explicar esto,
midiendo mis años en esta cárcel que yo mismo creé. Sin que nadie llame
a la puerta, aunque sea para satisfacer el misterio de una fingida
amistad.
Anualmente
el mundo católico chileno realiza el Cuasimodo, una celebración religiosa
que se efectúa posteriormente a la llamada "Semana Santa". Esta actividad,
que el papa Juan Pablo II -en vetusto éxtasis poético- calificó como "verdadero
tesoro del pueblo de Dios", tiene como objetivo dar la hostia, es decir,
el cuerpo de Cristo, a ancianos y enfermos que no pudieron asistir a la
anual -y fantasmal- resurrección del hijastro de José, carpintero que de
vivir en estos tiempos trabajaría, seguramente, subcontratado para un empresario
de derecha.
Los rayos
del sol daban sus últimos estertores y el espíritu del buen negocio de “Santiago
a Mil” solo era un mal recuerdo. Había llegado el otoño, época ideal para
el teatro, así que saqué mi bufanda del ropero, me puse mi gabán y decidí
manejar sin prisa al edificio del GAM, en Santiago Centro, que camaleónicamente
se ha ido travistiendo a lo largo de estos últimos cuarenta años,
igual que la política en Chile.
Ahora el
edificio alberga un centro cultural, donde hay salas de teatro, librerías,
galerías de exhibiciones, cafeterías y una tienda (muy posmoderna y globalizada)
de artículos deportivos de una marca alemana que tiene sus factorías en
Indonesia o Pakistán, pero que adorna con música “reggae” sus vitrinas.
Pablo de Rokha: Fragmento de Canto del Macho
Anciano - Video preparado por Nut Ace acerca del Gran Coordinador de la Angustia
Universal.
Cachureo. Primera parte del documental
realizado por Guillermo Cahn acerca del antipoeta Nicanor Parra.
Ezra Pound: Canto XLV, Con Usura. Video con
la voz de Pound y traducción al castellano de este poema que nos hace pensar en
el sistema financiero y sus víctimas.
Juan Gelman lee "Sobre la poesía"
Música: "Palomita blanca" por Rodolfo Mederos y "Los pájaros perdidos" por Astor
Piazzolla y José Angel Trelles.